La semana pasada empecé a ir al gimnasio, no estoy acostumbrado a oler a trasero sudado mientras flexiono mis débiles brazos entre todos los hijos e hijas de mamá Dolores, pero la neta ya lo disfruto. Ya vi que eso de castigar el cuerpo para formar los músculos de Hércules o el cuerpo de Fergie se llega a volver una adicción para la banda que va al gym, pero en lo personal no espero que me suceda así, y mucho menos acabar con las curvas de Fergie.
Ahora lo que realmente quería comentar, es el papel que juega la música en el ambiente del gimnasio, una vez que estás ahí, empiezas a notar como una gran parte de las personas realizan sus ejercicios al ritmo de la música. Notarás que si la música es rápida e intensa, la banda le empieza a meter más duro a la castigada y más rápido, en cambio, luego que te ponen la música electrónica o un poco más pop, el ritmo se desacelera, claro que esto no sucede con todos, pero si lo he llegado a notar con varios, creo que está de más decir que los de spinning son los que más se ven afectados por los ritmos y la sabrosura.
Esto se me hizo muy curioso, porque en la semana habíamos estado platicando en mi clase de discurso sonoro, cómo en varios lugares del mundo, se utiliza música o el sonido como de compás para marcar el ritmo en el que se desea se muevan grandes multitudes, tal es el caso del metro en el D.F., Nueva Cork o París, por poner ejemplos. Esto es porque nuestro cuerpo al escuchar una canción o un ritmo, te guste o no, una de las reacciones que va a causar es que tu corazón empiece a latir al beat o ritmo de la melodía.
Entonces con esto, lo que quiero decir es que… Si estoy en el gimnasio, no pongas Arjona ¡Dale play a Madonna!
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